¾ No, no cojas esa cuchilla, no hagas nada. ¿No te das cuenta? Si lo haces, ¿cuánta gente sufriría? Tampoco es tu culpa. No quiero que llores, pequeña, no quiero que derrames lágrimas por éste gilipollas que ahora se ha ido. Disfruta de la vida, ahora sí, con la pequeña. Disfruta de la casa, de la piscina. Ve a visitar a tu familia, haz viajes con tus amigas. No pido que me olvides, no pido que hagas como si yo nunca hubiera existido. Sólo quiero que seas feliz, ahora que me he ido.
Ella no puede escucharle. Se encuentra sentada en el sofá con una de esas cuchillas que él usaba para afeitarse esa barba que tanto le gustaba. Está en shock, acaba de enterarse de que él ha muerto. Acababan de discutir, más fuerte y más intensamente que las otras veces, llegando a haber insultos por parte de los dos; y él decidió irse, quiso despejarse. Cogió el coche y comenzó a conducir, sin rumbo fijo, hasta que se encontró tirado en el suelo, sus últimos segundos de vida, último respiro que gastó susurrando su nombre, "Anna."
Anna tira la cuchilla, se levanta del sofá y sube a la habitación, coge su álbum de fotos, se dice a sí misma que todo es una pesadilla, que él no ha muerto, que se quedó dormida en el sofá. Pero sabe que no es así. Observa con detenimiento cada una de las fotos, sus lágrimas caen por ellas. Las primeras que se hicieron juntos, abrazándose, por París y Nueva York, recién llegados a Sydney, también en México y Disneyworld, unas más pegados, otras haciendo el tonto, de noche dándose tímidos besos, en conciertos de sus cantantes favoritos, de vacaciones en la playa con los sobrinos de ambos, el nacimiento de su pequeña, hacía tan solo dos años.. Diez años de relación, diez años perfectos para ambos, desde que él se declaró hasta aquel día.
Él siempre le había jurado un "eternamente", le había dicho que hasta que él se muriera estarían juntos, y así había sido. Aunque, ¿cuántas veces se habían imaginado de viejos? ¿Cuántas veces habían soñado con su boda? Anna se mira la mano y observa aquel anillo con el que él le pidió matrimonio. Anillo caro, pero él no lo vio suficiente para demostrarle cuánto era el amor que sentía por ella. Se lo quita, lo deja en la almohada, en su sitio de la almohada, y va a la habitación de su hija, habitación a medio pintar. Habían empezado esa misma mañana, la estaban decorando de rosa. Claudia, su hija, descansa en paz en su cuna, no se ha enterado de que su padre ha muerto. Anna la observa, se parece demasiado a él, los mismos rizos pero rubios, ojos azules como ella, y una camisetita que le habían regalado Daniel y Flo, sus mejores amigos, antiguos compañeros, con el logo de Tonterías Las Justas.
Coge a la bebé, que se despierta y sonríe al ver a su madre, agarrándose a ella y apoyando la cabeza en su cuello, mientras Anna, abrazando a su hija fuerte, deja que algunas lágrimas caigan en su ropa, mostrándole como se siente.
¾ ¿Maa? -pregunta la pequeña, la cual, con su edad, no es capaz aún de pronunciar todas las letras de una misma palabra.- ¿Paa?
¾ No, pequeña, papá no está..
¾ ¿Y ode tá?
¾ No va a venir nunca..
La pequeña no termina de comprenderla, por lo que inocente sonríe y acaricia la cara de su madre, dándole un tierno besito en la punta de la nariz. Después, se baja de su madre, y se da un beso en la palma de la mano, poniéndola en la barriga de Anna.
¾ U bechito, manito.
Otra de las cosas que él se iba a perder, el nacimiento de su segundo hijo, un niño, por el cual estaba muy ilusionado, comprándole ropa cada día, diciéndoselo a todo el mundo, varias caricias en su barriga, varios abrazos, besos tiernos que Miquel le daba de repente, antojos que él le consentía, regalos que le daba a ella.. Pero nada era suficiente para demostrarle cuánto la quería.